Enfermedad renal crónica felina y estadificación IRIS
Por qué la estadificación va después del diagnóstico, qué dice realmente la SDMA y cómo los subestadios de proteinuria y presión arterial cambian el tratamiento.
Mehmet Emin TAŞKIN 5 min read18 de agosto de 2026
La enfermedad renal crónica figura entre las afecciones de medicina interna más frecuentes en gatos mayores, y su prevalencia aumenta de forma pronunciada a partir de los quince años. El diagnóstico no suele ser la parte difícil; la destreza está en definir en qué punto se encuentra el paciente y ajustar el tratamiento a ese punto. El sistema de estadificación de la International Renal Interest Society (IRIS) existe precisamente para eso.
Un error habitual consiste en malinterpretar qué es el sistema: IRIS no es una herramienta diagnóstica. Clasifica a un paciente estable en el que la enfermedad renal crónica ya ha sido diagnosticada. Estadificar un cuadro agudo, o un gato deshidratado, produce una respuesta equivocada.
Primero el diagnóstico
El diagnóstico no descansa sobre un único valor. Surge de una combinación:
Azotemia persistente (creatinina, urea)
Incapacidad para concentrar la orina de forma adecuada
Riñones pequeños o irregulares a la palpación o en la imagen
Un curso clínico crónico: pérdida de peso, polidipsia, apetito fluctuante
La azotemia por sí sola no basta. La creatinina se eleva en un gato deshidratado y puede normalizarse tras la fluidoterapia. Por eso la estadificación se realiza con el paciente rehidratado y sobre al menos dos mediciones.
Qué dice y qué no dice la SDMA
La dimetilarginina simétrica refleja antes que la creatinina la caída de la tasa de filtración glomerular, y se ve menos afectada por la masa muscular. En un gato viejo que ha perdido músculo, la creatinina puede parecer engañosamente normal mientras la SDMA ya está elevada.
Pero la SDMA tampoco establece el diagnóstico por sí sola. Una SDMA elevada dice: mire más de cerca la función renal. Confirmarla exige repetir la medición e interpretarla junto con la densidad urinaria.
Los estadios
IRIS define cuatro estadios a partir de una creatinina (y SDMA) estable y en ayunas:
Estadio 1 — Sin azotemia, pero con alguna otra evidencia de enfermedad renal: alteración de la capacidad de concentración, proteinuria, anomalía estructural en la imagen o SDMA elevada. En este estadio el paciente suele parecer sano.
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Estadio 4 — Azotemia avanzada. Los signos urémicos son prominentes y la calidad de vida pasa a primer plano.
Los puntos de corte numéricos entre estadios se revisan periódicamente; al estadificar un paciente, consulte la tabla IRIS vigente en lugar de trabajar con una cifra memorizada.
Dos subestadios deciden el tratamiento
Aquí reside el valor clínico. El estadio por sí solo no indica qué hacer; los subestadios sí.
Proteinuria
Se mide el cociente proteína/creatinina en orina y se clasifica al paciente como proteinúrico, en el límite o no proteinúrico. Antes hay que descartar infección e inflamación urinaria; de lo contrario, lo que se mide es inflamación y no daño renal.
La proteinuria acelera la progresión y se asocia a una supervivencia más corta. La proteinuria persistente constituye la principal indicación de tratamiento dirigido al sistema renina-angiotensina.
Hipertensión sistémica
La presión arterial se clasifica según el riesgo de daño en órganos diana. En el gato, la consecuencia más grave de la hipertensión es la ceguera súbita por desprendimiento de retina y hemorragia intraocular. Es potencialmente reversible y, sin embargo, suele reconocerse tarde.
Por ello, a todo gato con enfermedad renal crónica se le mide la presión arterial y se le explora el fondo de ojo. El efecto de bata blanca es real; tome las mediciones con el paciente ya tranquilo y repítalas con una técnica constante.
Tratamiento por estadio
El esqueleto del tratamiento son los mismos tres apartados en todos los estadios, con distinto peso:
Dieta. La dieta renal es una de las pocas intervenciones que han demostrado prolongar la supervivencia en la enfermedad renal crónica felina. La restricción de fósforo ocupa el centro del efecto. Haga la transición despacio: imponer un alimento nuevo a un gato inapetente genera aversión, y esa dieta se pierde de forma permanente.
Agua. La deshidratación crónica hace que el paciente se sienta mal y añade exigencia al riñón. Alimento húmedo, varios bebederos, una fuente de agua en movimiento. En fases avanzadas se puede enseñar al propietario a administrar fluidos subcutáneos en casa.
Fósforo. Si el fósforo sérico se mantiene por encima del objetivo pese a la dieta, se añade un quelante. Los objetivos varían según el estadio.
Junto a esto: tratamiento dirigido a la proteinuria cuando existe, antihipertensivos cuando están indicados, soporte de la eritropoyesis si la anemia es marcada, y tratamiento sintomático de las náuseas y la inapetencia. No pase por alto la hipopotasemia: es frecuente en el gato, produce debilidad muscular e inapetencia, y corregirla mejora al paciente con rapidez.
Seguimiento
Un paciente estable suele revisarse cada tres a seis meses; el intervalo se acorta en un gato recién diagnosticado o tras un cambio de tratamiento. En cada visita: peso y condición corporal, creatinina/SDMA, fósforo, potasio, HTO, densidad urinaria y cociente proteína/creatinina, presión arterial.
El control del peso se infravalora, y está entre las señales de alarma más tempranas disponibles. La pérdida de masa muscular comienza antes de que se muevan los valores de laboratorio.
Fuentes
International Renal Interest Society (IRIS), guías de estadificación de la ERC en perros y gatos — la versión vigente es gratuita en iris-kidney.com.
Guías de consenso ISFM sobre el manejo de la enfermedad renal crónica felina, Journal of Feline Medicine and Surgery.
Declaración de consenso ACVIM sobre hipertensión sistémica.
Este artículo tiene finalidad formativa general y no sustituye a la exploración clínica en el manejo de un paciente concreto.